Para hacer frente a estos nuevos desafíos, el ingeniero, no sólo tiene que demostrar que es capaz de adaptarse a la sociedad en la cual va a trabajar, sino que también debe poder usar con gran maestría las nuevas herramientas tecnológicas puestas a su disposición. Dichas herramientas se basan generalmente en nuevas y emergentes teorías matemáticas que hubieran podido considerarse todavía, hace apenas una o dos décadas, como inmaduras, pero que ahora han demostrado cumplidamente en el mundo de la producción que son capaces de producir herramientas (programas de simulación...), o métodos (de apoyo en la decisión…) apropiados y fructíferos, para proporcionar respuestas, ya sean parciales o imperfectas, en este nivel de complejidad y de incertidumbre en el cual nos hallamos inmersos.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
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